
A veces se cuelga de un árbol, y se mece con el viento, otras veces en un mármol, nunca deja de asombrarnos si escribe sus pensamientos. Esta pequeña poetisa ya conversa con las musas, con su pluma y su sonrisa dicen que las eclipsa, y la atienden sin excusa. Qué bonito que tan niña ya escriba poemas y versos, luego sus hojas apiña, un ojo a sus musas les guiña y pinta un cómic del reverso.


