Un día me encontré un sabio sin pluma ni pergamino, sin brújula ni astrolabio, andaba en los extrarradios al terminar yo el Camino. Y él me enseñó el secreto que ha ido pasando de mano, breve, sencillo y escueto, fácil, sin vericuetos, la base del ser humano, y que yo ahora te espeto pa´que no vivas en vano: La persona que al fin gana, no es siempre la más apta, ni la que ve una ventana, ni la que antes lo capta, ¡prospera en la raza humana aquél que mejor se adapta! y sin desmanes ni agravios

