
Hace tiempo que camino y veo gente junto a mí, hay veces que veo molinos, otras yo mismo me animo; pero siempre hay gente ahí. Pero hace ya algún tiempo me dio por pararme un rato, tenía una piedra bien dentro y en lugar de andar sufriendo paré a quitarme el zapato. Y hasta entonces no advertí, que la gente prosiguió, solo andaban junto a mí porque iban donde yo. Y al girarme y dar la vuelta vi unas personas conmigo, con una sonrisa abierta y con una amistad cierta, que siguen si yo prosigo. No suman siquiera diez; pero siempre me acompañan, y comprendí con fluidez que es una absurda idiotez, y quien lo crea se engaña, que cerca de la vejez no hay quienes se la apañan para irse con rapidez si se ha acabado el champaña.

