
Yo cruzaba con mi Ernest aquel lindo paso de cebra, los días después al viernes, buscando un brindis en ciernes justo enfrente, en la Taberna. Y nada envidiaba aquel paso al de aquella otra calle donde cruzaban los Beatles, aquello fue un bastinazo, y perdonen que me ralle, no merecía un ardite, Nunca valdrá los gustazos de brindar yo con mi guate si ustedes me lo permiten.

