A Pilar Merino, la lechera de Santo Domingo

Era una niña riojana 
que llevaba una lechera,
y cantaba siempre ufana,
en esa edad temprana
en que eres feliz de veras,

pero un día por el monte
el lobo se le acercó:
¿quieres ser mi consorte?,
espero que no te importe,
... seremos felices los dos,

y a partir de aquella fecha
no fue feliz casi nunca,
y lo que era una sospecha
prendió despacio la mecha
(la vida a veces se trunca)

y ella vino a esta vida 
para cuidar del rebaño,
y dentro de su guarida
no entre el lobo a escondidas
y no les hiciera daño,

yo la recuerdo riendo
bajando Valentuñana,
parece que la estoy viendo
luego en La Concha leyendo
mirando por su ventana,

regando su eterno vergel
que asomaba a la piscina,
y allí en el rincón aquél
con Candi al atardecer
las dos juntas en la esquina,

y vimos su último aliento
los tres que estuvimos allí,
y yo esto no me lo invento,
lo cuento porque lo vi,
y vi como ella, de dentro,
nos hizo esperar un momento
y luego la vimos partir
diciendo: ¡ quedaos contentos
y estad tranquilos por mí !

PD:
y si fuera otra vez niña
no llevaría lechera,
pasearía un simple globo,

y no iría por la campiña,
y así de forma certera
esquivar al puto lobo.




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