
Era una niña riojana que llevaba una lechera, y cantaba siempre ufana, en esa edad temprana en que eres feliz de veras, pero un día por el monte el lobo se le acercó: ¿quieres ser mi consorte?, espero que no te importe, ... seremos felices los dos, y a partir de aquella fecha no fue feliz casi nunca, y lo que era una sospecha prendió despacio la mecha (la vida a veces se trunca) y ella vino a esta vida para cuidar del rebaño, y dentro de su guarida no entre el lobo a escondidas y no les hiciera daño, yo la recuerdo riendo bajando Valentuñana, parece que la estoy viendo luego en La Concha leyendo mirando por su ventana, regando su eterno vergel que asomaba a la piscina, y allí en el rincón aquél con Candi al atardecer las dos juntas en la esquina, y vimos su último aliento los tres que estuvimos allí, y yo esto no me lo invento, lo cuento porque lo vi, y vi como ella, de dentro, nos hizo esperar un momento y luego la vimos partir diciendo: ¡ quedaos contentos y estad tranquilos por mí ! PD: y si fuera otra vez niña no llevaría lechera, pasearía un simple globo, y no iría por la campiña, y así de forma certera esquivar al puto lobo.

