
Juntarse otra vez los colegas, volver después de diez años, donde una raza longeva jugaban a un juego extraño con unos palos de pega, una bola en la talega y unos hoyos de prueba mientras cuidaban rebaños, buscar una pinta tranquila andando por Edimburgo, cargar de nuevo las pilas vaciando las mochilas de todo lo que es absurdo, un breakfast por la mañana, no hay plan para la jornada, no tener ni una tangana, y viajar con gente sana es una puta pasada, volver a la cuna del golf, coger los trenes a tiempo, que te haga un día de sol y en Calton Hill, como Dios, que en la cara te de el viento, no discutir ni enfadarte, por eso con ellos vine, y sin parar de mearte poder decir alto y con arte: ¡yo pagué en metallic dinner!

