
Subía atravesando Castilla, el sol estaba en el nueve, el aire era una cerilla y bajo una sombrilla una escena me conmueve, todos iban resoplando hartos de tanto calor, todos despotricando todos buscando un mando para poder ir bajando aquel sol agotador, y allí, bajo un viejo toldo, en un puesto de melones, sentadito entre rescoldos y haciendo oídos sordos a tantas lamentaciones, un chaval bebiendo a sorbos de un botijo sin tapones, con una de esas sonrisas naturales por castigo, con el torso sin camisa, ... una tajada revisa y el tío cachondo me avisa: ¡recién sacada del frigo!

