La sonrisa de un valiente

Subía atravesando Castilla,
el sol estaba en el nueve,
el aire era una cerilla
y bajo una sombrilla
una escena me conmueve,

todos iban resoplando
hartos de tanto calor,
todos despotricando
todos buscando un mando
para poder ir bajando
aquel sol agotador,

y allí, bajo un viejo toldo,
en un puesto de melones,
sentadito entre rescoldos
y haciendo oídos sordos
a tantas lamentaciones,
un chaval bebiendo a sorbos
de un botijo sin tapones,

con una de esas sonrisas
naturales por castigo,
con el torso sin camisa,
... una tajada revisa
y el tío cachondo me avisa:
¡recién sacada del frigo!




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