A Raúl Hernàndez Hernández, el último de los guardeses de El Bosque

Llegando a la Villa de Béjar,
girando por donde Los Pinos,
detrás de una verja vieja, 
debajo de cinco abejas
un Bosquero genuino,

Arqueólogo reciclado,
en linajes erudito,
un ujier apasionado
de un gran tesoro olvidado,
de un palacete exquisito,
de un cenador loado,
donde se dice que, a nado,
llegó cada noche Cupido,

Y hoy estaràn orgullosos
los Duques desde su altar,
y en la Garganta del Oso
ya disfrutan en reposo
don Francisco y Guiomar,
sabiendo que un virtuoso
cuida del parque al entrar.



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