A Ana Montes, donde habita el olvido.

Sabe más por lo que calla
que por lo que a veces te dice,
una sonrisa canalla,
quizás restos de metralla,
quizás también cicatrices,

siempre dispuesta a ayudarte
tiene esa voz de mamá,
que cuando ibas a acostarte
iba a la cama a taparte 
y viajabas a NuncaJamás,

lleva las redes sociales,
en eso es la jefa y dueña,
y usa cien decimales
y algoritmos especiales
pa´darte una contraseña,

mil geranios, cien gardenias,
un vergel en la terraza,
un Asier en la academia,
un hombre con quien congenia
y un perro que nunca caza,

siempre tiene una sonrisa,
siempre transmite descanso,
solo tiene una premisa:
Dios nos salve de los mansos,

como ya dijo Sabina:
llevaba ojeras malvas
y barro en el tacón,

y cuando la noche termina,
cuando ya despunta el alba
... sale desde Alcorcón.


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