A Madrid, el gigante dormido

Abejas que vienen y van
dentro de una colmena,
cada una con su plan,
cada una en su zaguán
cada cual con su faena,

cuatro millones de abejas
pululando por sus calles,
mientras la vida refleja
la prisa sobre las tejas
si no te pierdes detalle,

Madrid es gigante dormido,
que mejor si no despierta,
a gusto con sus ronquidos
después de comer cocido
con la boca medio abierta,

para todo hay que esperar,
y lo hacen sin pereza,
para comer, para andar,
para abrir, para cerrar,
para pedirte en un bar
un vermú o una cerveza,

el mejor mercao de España,
tres vuelcos en Cuchilleros,
... La Latina, Malasaña,
un estanque sin barquero,
y en una zona aledaña
un museo al que venero,
donde en vez de musarañas
hay cuadros pintados con maña
que tienes que ver con babero,

y en medio de todo el bullicio,
del estrés y del gentío,
tres violinistas con vicio,
tocando con arte y oficio
sus notas en el vacío,

y yo, que aún soy novicio,
y me desplazo perdío,
me apoyo en un edificio
y buscando un buen resquicio
escucho perdiendo el sentío.











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