
Abejas que vienen y van dentro de una colmena, cada una con su plan, cada una en su zaguán cada cual con su faena, cuatro millones de abejas pululando por sus calles, mientras la vida refleja la prisa sobre las tejas si no te pierdes detalle, Madrid es gigante dormido, que mejor si no despierta, a gusto con sus ronquidos después de comer cocido con la boca medio abierta, para todo hay que esperar, y lo hacen sin pereza, para comer, para andar, para abrir, para cerrar, para pedirte en un bar un vermú o una cerveza, el mejor mercao de España, tres vuelcos en Cuchilleros, ... La Latina, Malasaña, un estanque sin barquero, y en una zona aledaña un museo al que venero, donde en vez de musarañas hay cuadros pintados con maña que tienes que ver con babero, y en medio de todo el bullicio, del estrés y del gentío, tres violinistas con vicio, tocando con arte y oficio sus notas en el vacío, y yo, que aún soy novicio, y me desplazo perdío, me apoyo en un edificio y buscando un buen resquicio escucho perdiendo el sentío.

