… lo de segundas veces nunca valieron la pena, se ha demostrado con creces que depende de los peces más que de la pecera, Juanchu y Rocío se casan, y la verdad, ya era hora: (En un cole de una plaza una niña se disfraza, entre profes y tutoras, se hace una herida rasa y aparece una doctora, y de un maletín con asas con esparadrapo y gasas, el tiempo, que raudo pasa, trajo el amor sin demora), qué suerte que tuvo él, un manitas cascarrabias, que entre martillo y pincel supo encontrar la mujer que soñaba en sus plegarias, y que a Abril la supo ver como amiga necesaria, y ella a este cocinillas, que hizo de Marta su hija, y estudiaba sus cuartillas sin moverse de la silla y ahora tiene plaza fija, … ella tuvo la suerte de crecer en libertad, por un padre bueno y fuerte que hasta el día de su muerte supo enseñarla a volar, … él, la de una madre lista, que un día le dijo a Rocío: con un poquito de vista, si el Juanchu no se despista, tenemos boda y gentío, hoy hay dos niñas felices, dos padres y un ¡Sí, quiero! que van a comer perdices, que curaron cicatrices, y que empezaron de cero, … lo de segundas veces nunca valieron la pena, lo aprendes cuando envejeces, y cuando un día amaneces con los versos de un poema.

