Lo superfluo

Yo abría siempre las botellas
perfilando bien el cuello,
de una manera bien bella
tratándola cual doncella
que atusara su cabello,

perfilando con denuedo
los pespuntes del relieve,
siguiendo fiel a mi credo
ponía con cuidado los dedos,
... no me quedaran nueve,

y entonces llegó un amigo
y lo quitó de una vez,
ya no me miro el ombligo,
ahora su ejemplo sigo
y al plástico, que le den,

lo que importa es el vino,
ya sea garnacha o mazuelo,
el cuello importa un comino,
es el genio de Aladino
lo que te eriza los pelos,
ese cabrón sibilino
que en este mundo cochino
es un regalo del cielo,

lo demás es anodino
cual papel de caramelo.





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