Pelo rubio y labios rojos, pero rojo bermellón, vive la vida a su antojo y ya no mira de reojo siquiera el retrovisor, le dije:¡te debo un poema! y ella en un acto sincero me dijo: ¡no hay problema, ni lo pido, ni lo espero!, más hoy me metí en faena por si un día valen dinero, no la conozco apenas; pero según mi señora, va a Tarifa una docena, sin pisar nunca la arena (son los bares lo que añora) y tiene un humor en las venas que si anda fina le aflora, alguna muesca en el alma, que en algún rincón habita, y un grupo con quien empalma por esta vida contrita, buscando tocar las palmas y evitar así las cuitas, un grupo forjado con calma ... al que pusieron Marchita.

