
El día que él ya no esté, no sabrá qué vino abrir, ... y mirará la pared sin saber ya lo que hacer, ni qué botella elegir, y no sabrá qué botella pega con cada plato, e irá recordando las huellas de aquella larga epopeya, que fueron forjando a ratos, cuando él salía al porche con el pelo lleno canas y procedía al descorche escuchando C. Tangana, y justo al caer la noche como Chicote a Pedroche le decía: ¡pa´ mi Susana!

