A Susana Rodríguez y al mejor Sumiller

El día que él ya no esté,
no sabrá qué vino abrir,
... y mirará la pared
sin saber ya lo que hacer,
ni qué botella elegir,

y no sabrá qué botella
pega con cada plato,
e irá recordando las huellas
de aquella larga epopeya,
que fueron forjando a ratos,

cuando él salía al porche
con el pelo lleno canas
y procedía al descorche
escuchando C. Tangana,
y justo al caer la noche
como Chicote a Pedroche
le decía: ¡pa´ mi Susana!

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