
Te ponen el traje de luces, te colocan en el ruedo, te dicen: ¡calla, no azuces!, el miedo te da de bruces, y entonces te paras, quedo, ... son doce toros, doce, como rezaba el cartel, y solo el que lo conoce siente en la piel el roce del pánico más cruel, cuando dices ¡buenos días! ya no hay ningún chiquero, y ahí empiezas, ¡qué ironía! a tirar de valentía... , cuando ya no hay burladero, y de pronto y de repente, ya toreaste al primero, y agradeces al docente que fue contigo exigente, y dándote caña enfrente, te empezó a hacer torero, que alguien te recomiende ( ese Trueba, caballero, ) y el ¡aguanta! de esa gente que son ya mis compañeros, y ya terminó la corrida, y recoges el capote, y tiras pa´ la salida, con la talega zurcida, aunque nadie te lo note, con el pulso en estampida y el corazón dando botes, con la faena cumplida ... y cara de carajote.

