
Qué feliz era de chico, aunque no tuviera un chavo, hasta los poco, poco y pico, desde primero hasta octavo, qué feliz viviendo al día sin pensar en el mañana, viviendo con la alegría de hacer todo con ganas, dos deberes y un problema ya fuera de lengua o mates, y zumbando por la puerta sin recoger ni el petate, qué feliz era de crío y qué alegre mi mirada, no tenía calor ni frío, no había ni pista ni grada qué feliz vivía el tío, qué feliz era sin nada.

