
Yo me asomaba al balcón a las ocho de la tarde, y allí estaba la afición, más que en los Rolling Stones o en un pregón del alcalde, ... luego videoconferencia; lo menos tenía tres o cuatro, que entraban con cadencia y las hacía con prudencia, enfocando el aparato..., no me vieran la indecencia de ir en bata y sin zapatos, y en los tiempos de pandemia, cuando el mundo se acababa, la vida era más bohemia, y tengo de una academia una orla aún enmarcada de un control de alcoholemia, que en esos días aprobabas, y el tiempo se las ingenia pa´ volver a las andadas, y ahora solo hay gardenias, ya no hay vecinos ni nada, espero hasta ocho y media y digo: ¡saldrán mañana! y en estos tiempos normales que ojalá que no se vayan, hoy he vuelto a los anales a ver los cariños reales que surgieron en batalla, aquellos abrazos joviales que dábamos por pantalla.

