Detrás de todo gran hombre (no sabemos si es el caso) hay alguien que no se esconde y que llena medio vaso, permítanme que hoy les ronde y les rime con retraso, ellos son dos cigarras que pululan los juzgados, él vive de su guitarra, y de noche canta y narra por baretos olvidados, camisas de hoja de parra y sombrero ladeado, como aquel Pedro Navajas que tanto habremos cantado, ella acuesta a su prole y le sigue a verlo actuar, llega y le dice ¡ole!, como hacen los españoles si algo te empieza a gustar, él le brinda el quinto toro, que es la de Los Planetas, y le guiña con decoro, mientras ella, con los codos, va empujando entre puretas, y al fin de los bises varios, ella está llena de dicha, y se sube al escenario y le grita: ¡pa notario, dame un beso, Keith Richards!

