
Empezar en la Alameda, subir la calle el Peral, calle Ancha por la acera, quitándome la visera sin parar de saludar, Santo Cristo hacia Lobatas, y bajar hacia el Castillo, la memoria que rescata ese río la Barbacana cuando éramos chiquillos, paso por el Cordobés, Pepe ya no hace espetos, se retiró por sus pies, cien mil sardinas después, yo le mando mis respetos, voy subiendo hacia la plaza y saludo a Mari Valle, que vende mantones y tazas, y aunque nunca se desplaza, no pierde ningún detalle, sigo recto hacia Ciaboga, a ver si veo al Maestro, ... ese delgado Yoda, que en mil idiomas dialoga, y tiene plaza pa los restos, termino en la zona cero, y cojo sitio en butaca, con una birra te espero donde Dios tiró el sombrero: y hoy se llama La Polaca.

