
Nadie es profeta en su tierra, así que uno se va fuera, coge un día una maleta, dos mudas y una raqueta y catorce madalenas, cierra despacio la puerta y sale por donde las Eras, y llega a un sitio nuevo con su deje castellano, echándole un par de huevos y escapando del talego llega a Marbella un verano, y se llega al Paco Cantos y le asignan una pista, le pagan la hora a tanto, y le dan un adelanto porque ven que es un artista, y a veces el karma te llega después de ir dando tumbos, y hoy es feliz en Marbella, y ya le han puesto su huella en la mejor ofi del mundo, y gracias de nuevo, colega, por lo que enseñaste a Hugo.

