
Aún se añora en los tablones, a uno de esos profesores que era luz en las tinieblas, mil quinientos madrugones, quince mil evaluaciones cuando estuvo en Bocanegra, de niño jugaba en la plaza a la sombra de Angelines, que entre mantones y tazas, siempre tenía una hogaza y un rincón entre cojines, ... evitando la rutina destila un trato sincero, en San Pedro, en cada esquina, lo tratan de caballero, lo que empieza lo termina, y vacila de vitrina, vikingo entre colchoneros, dice quien le conoce que sabe más que el diablo, que te gana con el roce, que trabaja más de doce, y que es feliz con el goce de Conchi, de Javi y de Pablo, frisa ya con los sesenta, siempre tuvo un trato humano, y aunque no los aparenta, eso me dicen y cuentan algunos de sus hermanos, un tipo que no se fragmenta, ... cual acero toledano.

