A Javier García Ruíz, acero toledano

Aún se añora en los tablones, 
a uno de esos profesores 
que era luz en las tinieblas, 
mil quinientos madrugones, 
quince mil evaluaciones 
cuando estuvo en Bocanegra, 

de niño jugaba en la plaza 
a la sombra de Angelines, 
que entre mantones y tazas,
siempre tenía una hogaza 
y un rincón entre cojines, 

... evitando la rutina 
destila un trato sincero, 
en San Pedro, en cada esquina, 
lo tratan de caballero, 
lo que empieza lo termina, 
y vacila de vitrina, 
vikingo entre colchoneros, 

dice quien le conoce 
que sabe más que el diablo, 
que te gana con el roce, 
que trabaja más de doce,
y que es feliz con el goce 
de Conchi, de Javi y de Pablo, 

frisa ya con los sesenta, 
siempre tuvo un trato humano, 
y aunque no los aparenta, 
eso me dicen y cuentan 
algunos de sus hermanos, 

un tipo que no se fragmenta, 
... cual acero toledano.

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