
Te extrañamos, María Luisa, nadie ocupa tu lugar, el fuego se hace ceniza y siempre, siempre, sin prisa, el río llega hasta el mar, la vida que se armoniza y no la podemos cambiar, fuiste aire de repente, fuiste maestra en la escuela, fuiste ese trato decente que siempre para la gente quiso la buena de Adela, despachando mil recetas, fuiste dejando tus trazos, nunca parabas quieta, nunca hubo una rabieta, tan solo eternos abrazos, de tanto comer pasteles, se hizo dulce tu mirada, dicen que en los vergeles de ese jardín que ahora tienes duermen de noche las hadas, que nunca pierdas tu gracia, que seas feliz con tus perras, los de arriba se congracian con quien con tanta eficacia se abraza como la yedra, y ya sabes que en tu farmacia la puerta nunca se cierra.

