
Él le decía ¡te quiero! cada noche, al acostarse, ella en un acto sincero le ponía bien el babero para que no se manchase, ella le daba un beso y le decía ¡yo también!, y se acercaba ex profeso a aquel chiquillo travieso que un día cruzaba el andén, y cuando el BUP era la ESO ella vio en tercero B, y ahora, con tanto vivido, lo acurruca entre sus brazos, y antes que queden dormidos, recuerda que lo ha querido desde aquel primer flechazo, cuando le dijo a Cupido: ¡el arco es comprometido, y puedes fallar el tiro, mejor pégale un balazo!

