
Los miro por la mañana, los veo reír por la tarde, son como una ventana que en darme aire se afanan, ... Dios les guarde, me hacen sentir viejo y joven también a la vez, porque son como un espejo donde a veces me reflejo de camino a la vejez, y cada vez que los miro, y veo sus ojos sinceros, cojo más aire y respiro y a veces creo que deliro, ¡joder, cuánto los quiero! que los niños de mis ojos sean felices en la vida, y que al llegar mis despojos echen ellos el cerrojo y sean quienes me despidan, por eso hago este poema, para la pena más dura, para salvar de la quema a quién sufrió la condena de ver que el reloj de arena se paró en un alma pura, eso rompe los esquemas, ... eso es anti natura.

