En un paso cebra

La vi en un paso cebra,
como cantaba Sabina,
venía pegando la hebra,
salió de entre las tinieblas
y cruzó desde la esquina,

sin comerlo ni beberlo
iba alterando el orden,
aún todavía recuerdo
esos muslos de estraperlo
que solo desenvolverlos
luego rompieron el molde,

tenía unas piernas de infarto,
falda corta sin tacón,
su bufanda azul cobalto,
y ya en el primer asalto
me había robao el corazón,

toreaba a los tranvías
y llevaba minifalda,
y desde aquel santo día,
tengo dentro la poesía,
y tengo a Sabina a la espalda,

un siete en Filosofía...,
y una amistad de esas largas.

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