Una tarde me dijeron que un corazón sin fuerza peleaba por quedarse, era el de un caballero y un señor, o viceversa, zafándose de marcharse, así que cogí la historia y escribí un poema a locas, pa que quede en la memoria que al final logró victoria y que ha vuelto entre las rocas, con sus gafas y su arpón, con su traje de torero, para ver a la afición, sentada en sombra y en sol que ha venido a verlo al ruedo, para ajustarse el calzón, y para escuchar la ovación con la montera en los dedos, con la mano en un pitón, ... con el toro muerto miedo.

