Mal año para el patrón, cargadito de desdichas, manejar la embarcación, mantener firme el timón cuando ya no hay calma chicha, bajar a esa bodega donde hay tantos recuerdos, busca un sitio y se sosiega, mientras el Pogo navega por una especie de acuerdo, un café por la mañana, salir de puerto temprano, dejar atrás la bocana y huir de tanta tangana, de tanta hortera urbana y del fragor del verano, y al igual que se acaricia un perro al llegar a casa, con el Pogo hace justicia, lo lava, lo cuida, lo engrasa, piensa en Luis y en Alicia y toma una segunda taza, más tarde la vuelta reinicia, maniobrando con pericia y enfilando a Sierra Blanca.

