Macondo en Cádiz (a Javier y Nuria)

Hay en Caños un reducto,
un paraíso perdido,
donde me guardo con gusto
el derecho a su usufructo,
y que está medio escondido,

un saloncito austero,
una estancia escondida,
cocina con fregadero,
un cuarto con cabecero
y un porche que da la vida,

jardincito con manguera,
una cancela al edén,
en la vida puñetera,
un sitio que yo quisiera
para colgar el The End,

un sitio bajo una duna,
un mar con mucho descaro,
y a la hora de la luna,
la noche que al mar acuna,
bajo las luces de un faro,

una pareja a su cargo,
que están pero no molestan,
Javier que es un viejo hidalgo
y por si faltara algo
Nuria está siempre dispuesta,

y en este rincón del mar,
cuyo nombre no recuerdo,
volví a descubrir qué es amar,
reír, disfrutar y bailar,
y por eso lo agradezco.






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