A Estela Merino Díaz, la sonrisa en el búnker

En una calle una esquina,
en una esquina una tienda,
en una tienda una rutina,
una mesa y una silla
... y una mujer contenta,

vinos, palets y cajas,
albaranes a diario,
ordenando la baraja
por si las piezas encajan,
y un buen fondo de armario,

peregrina a Compostela
cuando coge cuatro perras,
una niña aún en la escuela,
un marido que la espera,
y un pueblecito en la sierra,
hoy soplará las velas,
aunque ella no se arredra,

pendiente de una familia
y que todo en orden pongan,
a todos los Núñez concilia,
las facturas domicilia,

solo en constante vigilia
en caso de Covadonga.


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