
Lo más absurdo que existe no es abrazar farolas, es ese amigo que viste y de nuevo le dijiste cómo te encuentras y hola, os contasteis vuestra vida con un abrazo sincero, os curasteis las heridas, y a la hora de la partida quedasteis de nuevo en veros, y al pasar de nuevo el tiempo, el argumento y la trama, vuelve a ponerlo a tu encuentro, y cuentas de nuevo el cuento de que cualquier día lo llamas, y así van pasando los años, y al final nunca llamaste, y en el último peldaño, terminas solo y huraño, sabiendo que la cagaste.

