El reloj

Hay veces en esta vida
que uno para el reloj,
y entonces la vida obliga
a atender a quien te siga,
como siempre haría un señor,

y juntas en una mesa 
a quien te caló bien dentro,
sabiendo que las promesas
al final siempre te pesan,
y siempre es mejor el intento,

y sientes que los recuerdos
ruedan por copas de vino,
que no existe el desacuerdo,
y es verdad que siempre aprendo
cuando estoy con mis amigos,

y cada uno hace un discurso
que sale del corazón,
aunque le tiemblen los pulsos,
y mira que yo nunca expulso
aunque sea el anfitrión,

y cuando cierras la puerta
y cada uno vuelve a casa,
hay una cosa bien cierta:
que veo a Ana contenta
porque con más de cincuenta
hoy volvió a ser la muchacha
que subía aquella cuesta
con su bolsa de Privata,

y lo que uno no intenta
queda en agua de borrajas.





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