A Raúl Fernández, o el Baco de Constantina.

En el centro de una sierra,
donde no esperabas nada,
una familia, una tierra,
castaños, tinajas y piedras,
y un cartel en una entrada,

una curva a la derecha,
y un camino entre vides,
el viajero no sospecha,
que aquí cuidan la cosecha
para que el vino no olvides,

unos castaños vetustos,
un barro hecho tinajas,
un enólogo con gusto
que no citar sería injusto,
por cómo las vides trabaja,

y en un pueblo de Sevilla,
hay un vino del carajo,

con las cepas en la orilla,
y en una copa que brilla,
el fruto de un buen trabajo.








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