A Patricia, o la vida y el vino a sorbos.

Hay en Miranda de Ebro
una mujer valiente,
cuyo valor celebro,
y que merece un requiebro,
y que en la plaza del pueblo
le lean un poema decente,

que eligió ser resiliente
y echarle un pulso al bicho,
y mezclarse con la gente
y disfrutar del ambiente,
y no estar en entredicho,

que sale a tomarse un chato,
bebiendo por una pajita,
va tranquila, sin ornato,
con un rostro sin formato,
y una entereza inaudita,

Patricia es un alegato
del que lucha con sus cuitas,
que la sirvan con boato,
que el tabernero la invita.




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