A Juanjo Portillo, un señor en Miguel Cano.

Cuando yo fregaba platos
en una hamburguesería,
me tiraban los zapatos,
me trataban sin recato
y había pocas alegrías,

quizás la de un chaval
que era entonces camarero,
sereno, alegre, jovial,
sensato, currante, cabal,
era un buen compañero,

al salir de aquel garito
volvíamos siempre andando,
y hablábamos un ratito,
sin copas ni cigarritos,
y hoy dando un paseito
he vuelto a encontrar a Juanjo,

tiene la misma mirada
de aquel chaval franco y noble,
esos que no piden nada,
esos que en cada jugada
siempre te pagan el doble,

cuenta que tiene tres niños,
que es feliz donde trabaja,
y es que a quien da cariño,
la vida siempre hace un guiño,
al repartir la baraja,

y si yo viera a sus hijos
les diría si dudarlo,
que esta vida les bendijo,
y les dio un padre prolijo
pa que de él aprendan algo.





Deja un comentario