Cuando yo fregaba platos en una hamburguesería, me tiraban los zapatos, me trataban sin recato y había pocas alegrías, quizás la de un chaval que era entonces camarero, sereno, alegre, jovial, sensato, currante, cabal, era un buen compañero, al salir de aquel garito volvíamos siempre andando, y hablábamos un ratito, sin copas ni cigarritos, y hoy dando un paseito he vuelto a encontrar a Juanjo, tiene la misma mirada de aquel chaval franco y noble, esos que no piden nada, esos que en cada jugada siempre te pagan el doble, cuenta que tiene tres niños, que es feliz donde trabaja, y es que a quien da cariño, la vida siempre hace un guiño, al repartir la baraja, y si yo viera a sus hijos les diría si dudarlo, que esta vida les bendijo, y les dio un padre prolijo pa que de él aprendan algo.

