Girando Ramón y Cajal
hacia Ricardo Soriano
hay un oasis vegetal
que tiene el mar al final
y tiene el pueblo a contramano,
una fuente de colores
que no pega ni con cola,
si un parque tuviera doctores
le dirían ¡que te mejores,
toma una cada 8 horas!,
del parque que yo recuerdo,
ya casi nada queda,
no queda gente leyendo,
ya no hay peces sonriendo,
ya no está el Cine Alameda,
queda una niña con trenzas
que se mece en un columpio,
queda un kiosco de prensa,
un Casino con nobleza,
y andando, que es gerundio,
pero es un sitio tranquilo
en la misma zona cero,
y a mí me gusta su estilo,
es como ese buen vinilo
que escucho siempre que quiero.