En los altos del Mercao un local haciendo esquina, un grifo de birra helao, nueve guiris ennortaos, nueve caras que alucinan de ver que lo que han pagao bajo un cielo soleao pa lo que están acostumbraos no llega ni a la propina,
camareras pululando, a veces hay música en vivo, el arroz lo están sacando, el sol que sigue pegando, a aquellos le están cobrando, cariño me voy acercando a ver si una mesa consigo, y tú ve también empujando que yo sé lo que me digo,
y es como aquella cantina en la que paraba Han Solo, pero no tiene cortina, lo petan en la cocina y a veces hasta hacen bolos,
es lo que el poeta opina, no hay fraude, ni engaño, ni dolo.