A Carlota Fernández, que siempre tuvo su rey mago.

Cuando yo la conocí, 
aún estaba en su infancia,
el mundo era más baladí,
Gaspar estaba ya allí,
y la calle era Finlandia,

era una niña inquieta
pegadita a un tabernero,
supongo que pizpireta,
supongo que entre croquetas
supongo que desde enero,

siempre fue mi sitio aquel,
el que siempre prefería,
la carta a mano, en papel,
una Mahou siempre fría,
dos vinos para escoger,
datáfono nunca había,
donde nunca hubo café
y la tortilla se abría,

hoy Gaspar se ha retirado,
algo Lento pero Torpe,
pero ha dejado un legado
que Carlota ha heredado,
y lleva con regio porte,

mi sitio recomendado...
bajando el Francisco Norte.







Deja un comentario