¿Me pone por favor una cerveza?, enseguida se la pongo, caballero, ¿a qué viene esa cara de tristeza?, le tengo reservada aquella mesa, siéntese tranquilo, se lo ruego, y echando mano de su sutileza, se sentó junto a aquel viejo el camarero,
pues que llega una época en la vida en que uno se enfrenta a sus fantasmas, y por muchas cervezas que te pidas, extrañas a tus socios de partida, y hay ratos que ya nada te entusiasma,
así que a ratos pido alguna caña y me siento frente a frente con el vaso, y como sé de mis amigos su calaña sé que en el Valhalla me acompañan o yo quiero creerlo, por si acaso.