
Calle Málaga hasta el fondo,
antes de Calle Peñuelas,
donde un Gabo cachondo
debió situar Macondo
cuando escribió su novela,
un Barrio de pescadores,
un Corralón de canguelo,
y varias generaciones
que encima de dos sillones
cortaron a tantos el pelo,
pasé mil doscientas veces
y siempre la misma fachada,
un negocio sin dobleces
que supo ganar con creces
su clientela asentada,
... cuántos tijeretazos
habrán pegado los Cantos,
pa que Arturo de un brochazo
haya plasmado en seis trazos
la fachada con su encanto.

