Tenía unos ojos saltones como las gambas cocidas, y escribiendo estos renglones se me caen dos lagrimones, estas cosas no se olvidan,
tenía una plancha genuina y una barra haciendo ele, no sé si tenía cocina, yo siempre pillaba la esquina a donde estaba la tele,
la plancha era una paleta como la de esos pintores, había gambas, panceta, pinchitos y hasta brochetas, y una espátula pureta que tenía dos mil colores,
Pepe fue ese tabernero que tenía una sonrisa, y siempre fue un caballero cuando no tenía dinero, ni móvil, ni miedos, ni prisa, y aún me llegaba el pelo al cuello de la camisa,
quedaba con mis amigos, giraba por calle Princesa, y alguien decía ¿qué te pido? y ya tenías contigo un abrazo y una cerveza,
saludabas a los tuyos que llegaban poco a poco, y en medio de aquel barullo, Pepe sonríe con orgullo y entonces casi lo toco,
pero aquello ya pasó hace muchas primaveras, y hoy dije ¿porqué no?, retratemos al señor que apoyao en la nevera, nos hizo un poco mejor en la época ochentera,