A don Pepe Trébol (nunca es tarde)


Tenía unos ojos saltones
como las gambas cocidas,
y escribiendo estos renglones
se me caen dos lagrimones,
estas cosas no se olvidan,

tenía una plancha genuina
y una barra haciendo ele,
no sé si tenía cocina,
yo siempre pillaba la esquina
a donde estaba la tele,

la plancha era una paleta
como la de esos pintores,
había gambas, panceta,
pinchitos y hasta brochetas,
y una espátula pureta
que tenía dos mil colores,

Pepe fue ese tabernero
que tenía una sonrisa,
y siempre fue un caballero
cuando no tenía dinero,
ni móvil, ni miedos, ni prisa,
y aún me llegaba el pelo
al cuello de la camisa,

quedaba con mis amigos,
giraba por calle Princesa,
y alguien decía ¿qué te pido?
y ya tenías contigo
un abrazo y una cerveza,

saludabas a los tuyos
que llegaban poco a poco,
y en medio de aquel barullo,
Pepe sonríe con orgullo
y entonces casi lo toco,

pero aquello ya pasó
hace muchas primaveras,
y hoy dije ¿porqué no?,
retratemos al señor
que apoyao en la nevera,
nos hizo un poco mejor
en la época ochentera,

y al lado del corazón
un garito con solera.





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