Encima de una rotonda, hay un local con estilo, roscos de forma redonda colocados sobre blondas decorados cual vinilo,
camareras eficientes que pululan serviciales, y dicen que andan al frente dos hermanos de gerentes cada uno en sus rituales,
cien libros de tapa dura, un teclado en una esquina, donde hay una partitura aguantando la postura por si un día viene Sabina, y antes de su sepultura, tabaco de picadura y un vasito de tequila,
yo no sé si es bar moderno o es cafetería coqueta, pero en tardes de un invierno yo llevaría mi cuaderno si es que yo fuera poeta,
hay sitios que son un muermo ... y en otros lados lo petan.