A la Taberna Vargas de Marbella

Cisqui tiene ojos curiosos
de esos que te escanean,
de esos que leen los posos
e interpretan las mareas,
el guardián del calabozo
curtido en diez mil raleas,

catorce mesas afuera
en una cuesta empinada,
y dentro de la nevera
tiene Jose pal que quiera
Estrella y Victoria heladas,

allá donde los Corrales,
el callejón de los Altos,
donde las gentes normales
salen de sus portales,
cuando no quema el asfalto,

no tiene neón en la entrada
ni una estrella Michelín,
pero es calle animada,
donde nunca pasa nada
y donde nada tiene fin,

si hay mesa no ocupada
ve pidiendo un botellín.









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