A final de los noventa
descubrimos este hotel,
yo sigo con mi parienta,
pero ya no lo regenta
el que reía en el dintel,
tenía un tupido mostacho
y una burra en una esquina,
la cara aún de un muchacho,
Pablo fue nuestro amigacho,
la burra era Catalina,
hace años volví a verlo
con la carta que envió,
pero se fue de estraperlo,
sin comerlo ni beberlo,
dicen que el charco cruzó,
y este dibujo de Arturo
me ha recordado a aquel Pablo,
que en aquel invierno duro
fue un gran anfitrión, lo juro
... y sé bien de lo que hablo.