Su paraíso

El de arriba no salía
ni a por las cajas de Fanta,
el de abajo hasta leía,
y todas las horas del día
disfrutaba de sus plantas,

el de arriba se asomaba
a un balcón grisáceo y triste,
el de abajo se sentaba,
por las mañanas regaba
y su paraíso resiste,

y los peatones que pasaban
siempre decían: ¡viste!

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