Se queda con las tareas, con la casa y con los niños, con cuatro sillas de enea, con el marrón y el pestiño, sabiendo que las mareas no pueden con el cariño,
con sus amigos de siempre, con su miedo a naufragar, con alguien que lo remembre cada vez que algún noviembre en la barra de algún bar le digan que ellos le entienden y ella le eche a faltar,
con los ratos que pasaron, con la familia que hicieron, porque no nos explicaron que tan solo se alejaron los que no se despidieron,
y los niños que quedaron, para quienes naufragaron ... son el mejor madero.