Ella le posa su brazo,
parece que está orgullosa,
él sonríe con el gustazo
que quedan en los retazos
cuando se ve que no posas,
ella aplaude, está contenta,
se siente bien arropada,
hay cosas que no están en venta,
que están listas para imprenta
y no te hace falta más nada,
él tiene los brazos cruzados,
relajado y pensativo,
con el rictus dibujado
de aquel que todo lo ha dado
y mucho más recibido,
él lleva una gorra inglesa,
de escritores diletantes,
y en esta vida traviesa
que te jode con sorpresas,
volvería a aquel instante.