El padre estuvo cien años hablándole de los Beatles, "que estos tíos son oro en paño, que yo se de lo que hablo, no me hagas que te grite",
el niño pasaba mucho y tenía otras preferencias, decía "cartucho, cartucho, que yo no te escucho" y oponía su resistencia,
y en una tarde en Madrid, se alinearon los planetas, McCartney que viene aquí, se congregan veinte mil y el colega va y lo peta,
y mientras todos transpiran y se rozan con los codos, el hijo se vuelve y se gira y mira al padre de otro modo, y entonces el hijo suspira y sabe que no era mentira, que aquel padre al que ahora mira siempre había acertado en todo.