A Raúl Villabrille, entre susurros de vino.

Cuando lo ves la primera,
parece un actor o algo,
parece de los que siguiera
a Brad Pitt con su visera
en la de Malditos Bastardos,

pero eso es la fachada
de un tipo que ama su curro,
que habla sin decir nada
y que entiende las añadas
simplemente con susurros,

que está cómodo entre copas
y entiende del velo de flor,
que pone firme a la tropa
mientras pasa media Europa
por calle Pantaleón,

y que entendió que en la calle,
hace falta la alegría
de tener todo el detalle
de que el juez al final falle
y coloque una poesía.





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