
Tiene una moto amarilla
y una sonrisa traviesa,
rueda por las casillas
corriendo por si la pillan
e intenta salir ilesa,
en el brazo una raqueta
y por la zona una hermana,
un cuñado en la gaceta,
dos pibes de edad inquieta
que seguro que la aman,
y así sigue su partida
intentando divertirse,
agarrándose a la vida
porque de algo hay
que morirse,
y acercándose a la orilla
por si el mar
volviera a abrirse.

