La esquina está triste, a Marcos Evangelista.

Ya no encuentro su sonrisa
cuando giro por la esquina,
y en 5 minutos, sin prisa,
me hacía aquella Bianca lisa,
... aquella pizza tan fina,

ya no escucho ¡Víctor Hugo!
cuando él gritaba al verme,
pero fui un tipo suertudo
que conocerle sí pudo,
aunque ahora ande inerme,

ya no rezuma alegría,
ya no veo a Rafaella,
ya no escucho la ironía
con que mi amigo reía,
ya no te cobra Pamela,

y aquella esquina gafada
abrirá más restaurantes,
pero es como esa espada
que solo el Rey Arturo sacaba
de aquella piedra flamante,

solo Marcos la cuidaba
como él sabía hablarle.


Deja un comentario